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| Ría de Pontevedra... |
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La larga y estrecha ría de Pontevedra es el arquetipo que mejor representa a las Rías Baixas. Se parece mucho a un fiordo escandinavo por las laderas empinadas y boscosas que la flanquean. Pontevedra, una ciudad antigua y encantadora, está en la actualidad algo apartada del mar en el punto donde el río Lérez empieza a ensancharse al entras en la bahía. Constituye una base desde donde hacer excursiones a cada orilla de la ría, salidas obligadas por el hecho de que la población no tiene playas.
La costa norte de la ría atrae a numerosos turistas, y Sanxenxo es el centro turístico más conocido. Si el viajero quiere evitar la multitud, tendrá que dirigirse a la costa sur, que se extiende formando playas preciosas hacia el abrupto promontorio, un lugar perfecto para acampar en soledad.
Pontevedra es el pueblo gallego antiguo por excelencia, un laberinto de callejuelas empedradas y de plazas con columnas, cruces de granito y sólidas casas de piedra con balcones llenos de flores. Hay algunos lugares que merece la pena ver, un buen museo y algunas iglesias interesantes; pero el verdadero placer que ofrece Pontevedra es el de pasar el tiempo en un pueblo antiguo tan vivo. Se trata del lugar ideal para salir de noche, pues la comida y las bebidas locales son excelentes.
Los límites entre la parte antigua y moderna de Pontevedra están marcados por la praza da Peregrina y la praza da Herrería, una plaza pavimentada y flanqueada por arcadas a un lado y rosales al otro; al este se erige la iglesia principal de la ciudad, San Francisco. Unos cuantos callejones estrechos salen desde Herrería hacía el norte y llegan a la zona monumental. Siguiendo la calle Figueroa se encuentra la pequeña y sombreada praza de Leña, la imagen de postal de Pontevedra; se trata de una plaza típicamente gallega con columnas de granito y un calvario.
Dos de sus mansiones se han unido para formar el elegante Museo Provincial; entre las piezas allí expuestas destaca el conjunto de joyas de Santiago de Compostela. El mercado cubierto situado frente al río es un hermoso edificio en dos niveles que vale la pena visitar. Para terminar el paseo por la ciudad, es una buena opción, la Alameda que sale de praza de España es un gran paseo que baja hasta el mar, con un monumento a Colón en el lugar donde el río desemboca en el Atlántico.
Hacia el norte, a 5km de Pontevedra, el viajero encontrará el benedictino monasterio de Poyo del siglo XVII y su hospedería. Mucho más avanzada la costa, el pueblo de Combarro, famoso por sus hórreos frente al mar, que parecen capillas en miniatura con cruces de granito. Detrás se halla el centro turístico de Sanxenxo, el mayor punto de concentración de la zona si el visitante quiere salir de noche en verano. A partir de las 22 h, los bares y cafés de su paseo marítimo están abarrotados de gente, y en los pubes suena música dance internacional. A pocos kilómetros de distancia empieza la enorme playa de La Lanzada, favorita de los buenos nadadores y windsurfistas. En verano se abren varios cafés y restaurantes.
El lado sur de la ría de Pontevedra está menos urbanizada y no recibe tantos visitantes, aunque pasado Marín es magnífica. Justo a la salida de Pontevedra, de cara al viento, se levanta una fábrica de papel, La Celulosa, donde una enorme araña de metal arroja serrín a las montañas y propaga un hedor insoportable. Muchos autobuses de color naranja salen de la estación de autobuses de Pontevedra, rodean el promontorio y llegan hasta Marín.
Marín es un puerto activo, con el frente marítimo incomunicado del pueblo por unos muros imponentes a lo largo de casi toda su longitud. Pasando Marín, el paisaje adquiere atractivo, pues la bahía se ensancha para culminar en una serie de preciosas calas. Una estrecha carretera secundaria, que sale de la carretera principal de la costa justo después de pasar por la academia naval, llega hasta tres playas, la segunda de ellas, la praia de Mogor es ideal, con campos de trigo verde que llegan hasta la línea semicircular que traza una arena limpia y hermosa.
A unos 12 kms de Marín se encuentra Bueu, un tranquilo pueblo con puerto y agradables franjas de playa que se extienden desde su paseo marítimo, siendo las más tranquilas las que rodean el promontorio hacia el oeste. Una carretera menor se aparta del mar a la altura de Bueu y va hacia Cangas; por ella pasan autobuses cada 30 minutos en verano. Si se hace el recorrido por la costa con dirección al pueblo de Aldán y el cabo de Hio, se encuentra una extensión virgen de pinos y playas desiertas, un lugar ideal para acampar.
Vale la pena seguir la carretera sin asfaltar hacia los grandes cantos rodados del cabo Udra, donde los caballos salvajes corren por las laderas y las olas rompen contra las calas solitarias. Se puede acceder por Cangas a las áreas que están hacia el sur. Hio tiene el cruceiro de granito más célebre de Galicia, que preside desde las alturas la espectacular ría de Vigo.
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